27 de diciembre de 2011

Schumann: Un romántico bipolar


De niño Schumann ya puso de manifiesto sus dotes musicales. Su padre, de profesión editor, le apoyó y le procuró un profesor de piano. A los 7 años Schumann compuso sus primeras piezas musicales. Así, en esa etapa de su vida no sólo componía obras musicales, sino que también redactaba ensayos y poemas, y de hecho el joven Schumann se identifica tanto con la literatura como con la música. A los 14 años escribe un ensayo sobre la estética de la música. Ya desde que estudiaba en el colegio absorbe la obra de Schiller, Goethe, Lord Byron, así como los dramaturgos de la Grecia Clásica; pero la influencia literaria más poderosa y permanente es sin duda la de Johann Paul Friedrich Richter. Tal influencia puede apreciarse en sus novelas de juventud, "Juniusabende" y "Selene", de las cuales sólo la primera fue concluida (1826).
Su interés por la música había sido estimulado desde niño al escuchar tocar a Ignaz Moscheles en Carlsbad, y en 1827 a través de las obras de Franz Schubert y Felix Mendelssohn.
Su padre, que tanto había fomentado la educación de Robert como pianista y escritor, fallece en 1826; su madre no aprueba la dedicación a la carrera musical y en 1828 le envía a estudiar Derecho a la Universidad de Leipzig. Pero no tardó en abandonar los estudios para consagrase enteramente a la música.
Hacia 1830, Schumann deseaba por encima de todo convertirse en un virtuoso y admiraba la ejecución de los más renombrados concertistas de su época, como Paganini y Liszt. Por tanto, el joven Schumann, de innegable talento como pianista, se empleó a fondo en perfeccionar su técnica de teclado, siendo sólo el azar o el destino lo que le obligó a abandonar este camino y convertirse finalmente en uno de los más reconocidos compositores de su siglo.
Las crisis, depresiones, periodos de reclusión completa etc. fueron frecuentes en la vida de Schumann y se acentuaron a partir de 1844, continuando en aumento hasta su muerte (incluso llegando a escuchar voces y experimentar alucinaciones). Este declive psíquico se relacionó inicialmente por los historiadores del siglo XIX con la sífilis (o con el desastroso tratamiento médico a base de mercurio, habitual en la época y casi peor que la enfermedad en sí), pero la posibilidad ha sido descartada debido a que los síntomas de desequilibrio mental de Robert Schumann ya eran evidentes desde su juventud, antes de que cualquier síntoma de la sífilis pudiera haberse manifestado. La teoría más aceptada actualmente es que padecía de trastorno bipolar (enfermedad maníaco-depresiva). Pero la gran intensidad creativa de Schumann se concentraba en sus periodos de lucidez, de forma admirable. Tan pronto como se restablecía de un período de enfermedad, se entregaba frenéticamente a la composición, trabajando de modo incansable. No sólo escribía las melodías principales ni se limitaba a las obras para piano, sino que pese a estar en un estado físico y mental muy degradado, escribía la instrumentación sinfónica completa de todas sus obras, hasta la extenuación.
Es en casa de Wieck, su antiguo maestro, donde conoce a su futura esposa. Se trata de Clara Wieck, su hija, y ya para entonces afamada pianista que había sido "niña prodigio", bastante famosa internacionalmente en aquella época, y de hecho se la considera la pianista más importante del siglo XIX. En 1836 inician una relación amorosa en secreto, fundamentalmente por carta, seguramente debido a la diferencia de edad entre ambos (Clara sólo tenía 16 años) y también porque Clara se encontraba de viaje constantemente, actuando por toda Europa. Es durante esta relación clandestina cuando escribe Escenas de la infancia, tal y como le relata por carta a la propia Clara.
Schumann se identificó con dos figuras imaginarias, el enérgico Florestan y el poético Eusebius, nombres con los que firmaba sus artículos y cuyos retratos representó en la suite para piano Carnaval. Hacia 1835 se produce el primer encuentro entre Robert Schumann y F. Mendelssohn, al tiempo que conocía a F. Chopin. Este mismo año, inicia su relación con Clara Weick, relación que es prohibida por el padre de la joven. La muchacha, aún bajo la tutela del padre, se ve forzada a abandonar a Robert, quedando este sumido en la depresión y la bebida. Dos años después, en 1837, los enamorados se encuentran a escondidas, pero descubiertos por el padre de Clara se inicia una feroz lucha por su amor, que terminaría en 1839 cuando Clara aceptara recurrir a la justicia para obtener el permiso para contraer matrimonio. Será precisamente durante la época del juicio cuando salgan a la luz los primeros problemas mentales de Schumann, que practicamente no compondrá nada durante este tiempo. Finalmente llega la paz. La justicia admite la demanda de Robert y Clara y estos obtienen permiso para contraer matrimonio, celebración que tendrá lugar el 12 de septiempbre de 1840. Curiosamente, y contra lo que pudiera parecer, este fue uno de los matrimonios más estables dentro de la música, pese a que la relación de noviazgo y los primeros momentos del matrimonio no fueron fáciles debido a los celos profesionales de Robert por la más afamada Clara Weick. A los veinte, decidió convertirse en un virtuoso del piano. Pero esta meta le resultó imposible cuando se le desarrollaron serios problemas en su mano derecha, los cuales no fueron ayudados por los tratamientos médicos ni por el artilugio que utilizaba para mantener los dedos estirados y reforzados. “No te preocupes por mis dedos”, le escribió a su madre, “Puedo componer sin ellos”, y a esa misma edad compuso muchos trabajos de piano los cuales permanecen como una parte básica del repertorio, aunque para esa época fueron frecuentemente considerados muy personales y poco convencionales.
En 1844, tras un viaje a Rusia, atravesó un nuevo periodo depresivo y abandonó Leipzig para instalarse en Dresde. Durante los años siguientes su salud mental y física se iba debilitando, lo cual no le impidió trabajar en multitud de obras, como sus dos Sonatas para piano y violín, su Concierto para violonchelo y orquesta y su única ópera, Genoveva (que no gozó de éxito). Incluso cuando, a partir de 1852, sus episodios de locura le mantienen convaleciente casi todo el tiempo, consigue aprovechar sus momentos de lucidez para completar su Misa, Requiem, Sinfonía en Re menor y Concierto para violín y orquesta. También destaca la presentación en 1846 de su Concierto para piano y orquesta en la menor, ejecutado brillantemente por su esposa, Clara Schumann, en 1846 en Leipzig, lo cual conllevó a su autor una fama aún mayor y más consolidada para la Historia.
Poco después le comenta a su hermano su deseo de suicidarse, ya que estaba angustiado por la epidemia de Cólera que asolaba Europa por esas fechas, el 27 de febrero de 1854, Schumann se arroja al Rin y es rescatado a tiempo, pero su mente ya se ha perdido para siempre. Es internado en un sanatorio privado en Endenich cerca de Bonn, Alemania, donde permanece hasta su muerte el 29 de julio de 1856. Tenía sólo 46 años. Muere víctima de la sífilis. Fue enterrado en Bonn.





Tras su muerte, Clara se entregó a dar a conocer por toda Europa la obra de Robert, dándole gran fama tras varias décadas de giras. Después de la muerte de Schumann, se convirtió en una de las mejores pianistas de su época y realizó giras constantes para poder mantener a su familia. Ayudó a promover la música de su amigo de toda la vida, Johannes Brahms. Editó las obras completas de Schumann y desde 1872 hasta 1892 fue profesora en el Conservatorio de Frankfurt.







10 de diciembre de 2011

Un Stravinski provocador


"Vivaldi no escribió cientos de conciertos, lo que hizo fue escribir el mismo concierto cientos de veces"

Stravinski



Vivaldi
Concerto for Four Violins in B minor Mvt.1

Pinchas Zukerman, Ivry Gitlis, Isaac Stern, Ida Haendel, Shlomo Mintz, Daniel Benyamini
Zubin Mehta and the Israel Philharmonic Orchestra



11 de noviembre de 2011

Pelléas y Mélisande en el Real


Pelléas y Mélisande, una ópera del compositor Claude Debussy, se está representando en el Teatro Real de Madrid y en esta ocasión será una crítica de mi amigo Francisco Alberich la que ilustrará este post.





Vengo del Teatro Real. Vengo atrapado, ya para siempre, de la misteriosa ópera Pelléas y Mélisande. Ninguna ópera me ha cautivado tanto como esta y creo saber muy bien a qué se debe. Se trata de una música perfectamente adaptada a un gran libreto, el mejor libreto que jamás haya leído. Aunque algunos ya lo conocéis, dejadme que os cuente mi “impresión”. Porque lo grandioso de esta ópera es que no hay dos observadores que vean en ella exactamente lo mismo ya que, todo son sugerencias. En el libreto no hay acotaciones ni descripciones de un narrador, todo está planteado directamente por los propios personajes. Que, a su vez, están tan asustados que solo dicen ingenuidades o estupideces. El resultado es de un conmovedor misterio que, unido a una música de ensueño, te sumerge en los bosques oscuros donde nunca da el sol.

La acción transcurre en el reino imaginario de “Allemonde”, cuyo nombre parece sugerir que es “todo el mundo” y de ahí nadie puede escapar. Atrapados todos, personajes, orquesta y público. (Aunque una cuarta parte de éste desapareció en el descanso). “No me toquéis o me tiro al agua” dice Mélisande y la orquesta se calla. Se calla y vuelve a arrancar, porque la orquesta y la voz van casi siempre cada una por su lado. “¿Qué brilla bajo el agua?” pregunta el barítono sin cantar, pero tampoco es un recitativo. La soprano contesta “Es la corona, que se me ha caído al llorar” y tampoco lo canta. No cantan y tampoco recitan. Es una declamación muy refinada y musical, pero no cantada: se apoya en la música pero solo a veces, como un cable del tendido de la luz, que va cayendo libremente hasta que el siguiente poste lo endereza y levanta. Así vamos a estar durante tres horas, anhelando esas notas que siempre llegan cuando menos te lo esperas, provocando un suave clímax, que solo recuerdo haber conocido en Tristan und Isolde. El fantasma de Isolde siempre está entre esa niebla, pues simplemente el nombre de Mél-Isande, sin su primera sílaba me recuerda constantemente a ella.

“No os toco” contesta Golaud (como dicen todos los maltratadores). Salió a cazar y ya tiene su presa. Contra su voluntad, Golaud se lleva a Mélisande a casa. Bueno, a casa que en realidad es un castillo de lo más sórdido. Allí le espera su suegra, que tiene una perturbadora voz de hombre; su cuñado Pelléas un angustiado llorica y cobarde que siempre se quiere ir no se sabe a dónde con tal de desaparecer de la escena y, por último, el Rey, un repugnante viejo verde. Me olvidaba de que no son todos mayores que ella, también hay un niño, Yniold, pero para mí que es retrasado.

La historia es muy sencilla, Mélisande es tan frágil y encantadora que se deja querer por todo el mundo, lo que acaba desesperando a Golaud, que asesina a su hermano Pelléas y, al acto siguiente, Mélisenda tiene un hijo (no se dice de quién) y se muere (no se sabe de qué, pero para mí que se muere de asco, al ser tan pura en un escenario tan sombrío).

Según parece la música es igual de sencilla, tres intervalos a modo de leitmotivs son la sustancia de toda la obra. Un intervalo de segunda, representa a Golaud, otro de tercera a Mélisande y uno de cuarta a Pelléas. Gracias a estos “leitmotivs” podemos saber cosas que no vienen en el libreto, por ejemplo, quién es el padre del hijo de Mélisenda al final de la ópera, cuando se cruzan el intervalo de segunda con el de tercera, descartando así al de cuarta del pobre Pelléas.

No me las voy a dar a estas alturas de musicólogo, no colaría, pues todos conocéis mi gran ignorancia: Esto de los intervalos nos lo enseñó el director Sylvain Cambreling delante del piano a los que acudimos a la tertulia que montó Mortier hace unos días. Lo que demuestra el gran maestro que es, es que yo lo haya entendido.

Ahora en serio, lo que demuestra lo gran director que es, es la magia con la que dirigía esta noche, llenando de misterio todo el teatro, si no fuera por lo de siempre, las toses, con las que inevitablemente se llenaban esos silencios tan bien compuestos por Debussy.

A Sylvain Cambreling ya le conocía de San Francisco de Asís y no me ha defraudado, pero la que sí me gustó entonces y hoy casi nada ha sido Camilla Tilling, a la que no se la oía apenas, lo que demuestra que entonces, en el Madrid Arena, tenía megafonía como casi todos sospechábamos.

El que más me ha gustado de los cantantes ha sido el malo, Golaud, el barítono Laurent Naouri, cuyos monólogos los ha bordado, especialmente cuando a capella pide perdón en su registro más agudo, invadiendo él solo todo el teatro, inquietando nuestras almas por semejante malvado.

El tenor, Pelléas, Yann Beuron también me ha gustado bastante, tiene una voz bonita, no tan afeminada como casi todos los Pelléas que he oído grabados.

Un desastre total, el niño. Es verdad que queda mejor un niño que una soprano haciendo de niño, pues así el personaje parece menos retrasado. Pero es que, como dice Slava, los niños desafinan que da gusto.

Arkel, el viejo, que lo cantaba Franz-Josef Selig, me ha parecido que andaba un poco forzado, pero correcto, como Hilary Summers en sus dos apariciones.

La puesta en escena de Robert Wilson, alucinante, aparte de los efectos luminosos, el que los cantantes salgan erguidos como marionetas cuyos brazos se mueven ortopédicamente como si estuvieran sujetas con cuerdas sus manos, todo un alarde de ensueño que le iba muy bien a esta magnífica obra. Por algo Mortier la lleva allá donde va, después de Salzburgo a París y ahora a que la estemos disfrutando nosotros.

Bona nit.

Crítica publicada en el foro eliteclásica.org
Francisco Alberich

6 de noviembre de 2011

Suicidio



Entre los grandes compositores, hubo algunos que se suicidaron y muchos que lo intentaron. Tchaikovsky por ejemplo, tuvo que suicidarse a cambio de que no se hiciera pública su condición homosexual, ya que mantenía relaciones con un joven sobrino de unos de los miembros del tribunal de honor que le sentenció. Tchaikovsky tomó arsénico y otros dicen que tomó agua infectada con el cólera

El suicidio viene a ser algo así como acabar con la vida de uno mismo. Muchos son los motivos que pueden llegar a cometer este acto psicopatológico, desde un drama familiar o la pérdida de un ser querido, por honor, por haberse arruinado, por alguna enfermedad grave y dolorosa, por haber perdido el poder, por estar enfermo y padecer algún trastorno psiquiátrico, demencia, maniaco-depresiva o esquizofrenia y depresión. La verdad que se podrían estar nombrando motivos hasta mañana. Pero si hay un motivo claro, con solera y famoso, ese es el suicidio por amor. Muchos son los personajes que a lo largo de la historia se suicidaron por algún motivo.
Generalmente el suicida tienda a verlo todo tan negativo y negro, que lleva todos esos pensamientos al futuro y ve el resto de su vida como un tormento insoportable.
Si decides algún día suicidarte, puede darse el caso de que no lo lleves a cabo por que no te salga bien los planes. No es tan fácil suicidarse como parece o como estamos acostumbrados a ver en las películas y novelas.
Aquí tienes algunos de los métodos más conocidos:

Cortarse las venas: Este método tal vez sea el más romántico y famoso, pero no es oro todo lo que reluce, ya que hay que planear bien el acto o te quedarás a medias. Piensa que el corte tiene que ser muy milimetrado, tienes que cortar las venas por su sitio justo y teniendo en cuenta que la sangre se coagula muy rapidamente. Además puede darse el caso de que cortes tejidos, algún tendón o nervios y te dejes la mano inútil, no pudiendo ni siquiera cortarte las del otro brazo. Piensa también en que dejarás todo hecho un asco y te quedarás con un tono de piel repulsivo y muy pálido. Puedes hasta quedarte sin oxígeno en el cerebro y si te salvan quedarás con daño cerebral irreversible. Ah... y mucho cuidado si eliges una cuchilla de afeitar. Procura limpiarla bien, no vayas a pillar el sida o alguna enfermedad por infección. Y tampoco olvides dejar una nota, eso viste mucho y le da un toque sentimental.

Con pastillas: Otro método cotidiano y conocido, pero tampoco acaba de convencer. Date cuenta que el exceso consumo de pastillas a la vez, te harán vomitar y te puedes ahogar con tu propio vómito. Te retorcerás por los dolores de estómago. La ingestión de muchas pastillas con alcohol, harán que lo vomites todo, porque tu cuerpo no lo asimilará y seguramente si llegas a poder hacerlo, siempre habrá alguien que llegará en el momento justo para despertarte y salvarte. Luego vendrán los remordimientos, y el mal cuerpo que tendrás durante semanas no habrá merecido la pena del intento. Además... con la crisis que hay, no se puede gastar mucho dinero en pastillas y hoy en día las farmaceúticas preparan los medicamentos de tal forma que no tengan excesivo peligro con la cantidad que puedas tener en casa. Si aún así quieres seguir, te aseguro que acabarás vomitando y te sentirás avergonzado.

Ahorcado: Este sistema es muy cinematográfico. Supongo que lo único que hace falta es una soga y una viga, pero el verdadero problema es que necesitarás tiempo para dar un curso de nudos marineros, porque si no haces un nudo corredizo en condiciones... acabarás colgado como un muñequito de esos del parabrisas de los coches. Otra opción si no tienes cuerdas, es usar una sábana, pero claro, de esas que no hayas metido mucho en lejía o acabarás dandote un buen golpe contra el suelo.

Tirarse al metro: Otro de esos métodos que hay que planear muy bien, porque puedes quedar sentado en una silla para siempre, sin piernas, sin brazos y sin volver a usar el bonometro nunca más por non grato.

Tirarse desde un edificio: Este método es más de hombres muy machos, porque hay que echarle muchos cojones para lanzarse al vacío sabiendo la ostia que te darás abajo contra el suelo. Otra forma de dejarlo todo hecho un asco y que la última imagen de tí, sea con los sesos reventados por el suelo. Si decides este método, mira hacia abajo antes de tirarte, no vaya a ser que caigas encima de alguien y la jodas y si al asomarte descubres que tienes vértigo, tendrás que intentarlo con otro método en el que no se utilicen las alturas.

Electrocutarse: Bueno, pues esta opción es morir de una forma un poco ridícula, porque estar titiritando y bailoteando mientras tu cuerpo se carga de la electricidad suficiente para fulminarte, tiene que ser de risa. Aquí también puede afectarte la crisis y que resulte que el día que decidas hacerlo, te hayan cortado la luz por falta de pago. Siempre te quedará la bombona de butano.

Ahogado: Tirarse al mar desde un alcantilado, lleva dos de estas opciones, la de lanzarse al vacío (como dijimos antes desde un edificio) y la de morir afixiado debajo del agua mientras te hundes. Una muerte muy a lo Titanic, irás descomponiendo el cuello de tanto mover la cabeza intentando respirar y acabarás plácido y sereno con los ojos abiertos, cayendo hacia el abismo. Si quieres que sea rápido, siempre puedes atarte a una bombona llena de butano cuando te tires. Pero ojo... elige bien donde tirarte, no vaya a ser que te escoñes contra las rocas y la causa de la muerte sea otra que la de ahogado.

Veneno: Esta opción yo no la elegiría, no hay más que ver a una cucaracha u otro animal cuando le echas el mataratas y ver como se retuercen patas arriba. Debe ser horroroso el dolor de estómago, mientras te sale espuma por la boca hasta que mueres. Puedes intentarlo en alguna hamburguesería poco conocida y tal vez tengas suerte.

De un tiro: Esta creo que es la mejor de las opciones, aunque siempre el que se va a matar, no sé porqué, pero es justo el que no tiene armas. Si la tuvieras, estudia muy bien donde disparar, ya que las películas dan muchas pistas, pero uno se sienta con la pistola y dice... "y ahora por donde?", pues en la sienne o en el cielo de la boca supongo. Aunque lo mejor sería un tiro en la nuca con una escopeta, pero como te las vas a ingeniar? Otra forma de ponerlo todo perdido.

El Hara-Kiri: Aquí hay que clavarse un puñal en el abdomen y removerlo hasta hacer un triángulo, clavas en el lado izquierdo con el filo mirando hacia el derecho, cortas a la derecha, vuelves al centro y subes hasta el esternón, ya que es muerte por desentrañamiento , pero si eres mujer, no olvides que lo tenían prohibido y ellas tenían que clavarse o cortar la carótida en el cuello. Aquí el problema es que una vez que hundes el cuchillo en el vientre, te puedes hacer un lío y no saber para donde tirar. No obstante, podrás observas en el último aliento, como se desparraman tus intestinos por el suelo y la muerte es una agonía que dura horas.

Hay otros métodos, como el gas, el escape de un coche, un puñal (muy operístico), estrellarte con el coche, una bomba, dos bombas, doscientos bombones de golpe, yo que sé... hay cientos de formas, incluso puedes oirte toda la discografía de Bisbal una y otra vez.




Pero recuerda que si no te mueres en el intento, te quedará una profunda tristeza, un fuerte sentimiento de culpa, no comerás, no dormirás, no querrás ver ni hablar con nadie, una gran ansiedad y hasta puede que pierdas a muchos seres queridos para siempre y a los que no podrás recuperar aún habiendo superado lo tuyo. Así que si alguna vez tienes el deseo de hacerlo, busca ayuda en algún especialista que pueda ayudarte, en tus amigos, en tus familiares y sobre todo... en tí mismo. Piensa que siempre puedes tener tiempo para que todo lo malo que ves ahora, pase o lo veas de otra forma, ya tendrás tiempo de suicidarte, pero da tiempo a que ocurran otras cosas que puedan hacerte cambiar de opinión. La vida es bella y si no la ves así... ten calma y paciencia, que tarde o temprano la verás. Solo hace falta... tiempo. Así que dátelo.



Ponchielli
La Gioconda, Suicidio!

Maria Callas

Donizetti Lucia di Lammermoor, "Tu che a Dio" Alfredo Kraus
Puccini Turandot, Liu's death Katia Ricciarelli
Puccini Madame Butterfly, Con onor muore Raina Kabaivanska

Salieri: el más grande rival de Mozart

Antonio Salieri, fue un compositor italiano que por alguna extraña razón, ha llegado hasta nuestros días precedido por una fama poco recomendable. Pero aquí vamos a olvidar los rumores sin ningún fundamento que todos sabemos, para sacar lo mejor del compositor. Para empezar vamos a decir que Salieri pasó la mayoría de su vida en la corte imperial de Viena. Fue Maestro de Capilla y llegó a ser el compositor de la Corte del Emperador José II de Habsburgo. Fue un músico dotado de un gran talento y de los más prolíficos que han existido. Como el que no quiere la cosa, resulta que nuestro amigo tuvo como alumnos nada más y nada menos que a Hummel, Liszt, Schubert y Beethoven. Incluso un hijo del propio Mozart fue pupilo suyo. Había estudiado violín con Tartini, conoció a Gluck, Piccini y Hasse e incluso fue muy amigo de Haydn. A los sesenta y tres años de edad, Salieri alternaba sus clases con un puesto en la Orquesta de Viena. Allí, el 8 de diciembre de 1813, en un concierto de caridad para los soldados heridos en la Batalla de Hanau, forman un grupo donde Salieri interpreta junto a Hummel, Meyerbeer, Sporh, Moscheles, Dragonetti y Romberg. Ese día estrenaban la séptima sinfonía y la Batalla de Wellington de un antíguo alumno suyo que dirigía ese día la orquesta... Ludwig van Beethoven.
Treinta y nueve óperas, 2 conciertos para piano, 3 Oratorios, 5 misas, 4 Te Deum, más de 200 cánones de 2 a 4 voces, motetes, un concierto para órgano, sinfonías, serenatas, etc. Un compositor que la historia no ha querido reconocer como uno de los grandes, pero no por falta de capacidad para ello desde luego. El 3 de agosto de 1778, se inauguraba en Milán, el Nuovo Regio Ducal Teatro (más tarde Teatro de La Scala) y fue con "L'europa riconosciuta", ópera encargada por la Emperatríz Maria Teresa de Austria y compuesta por Salieri. En su reapertura, el 7 de diciembre de 2004, tras un largo periodo de restauración de la Scala, se volvió a interpretar la misma ópera.
Salieri había compuesto un Requiem para su propia muerte, que fue dirigido en su funeral por su alumno predilecto: Schubert.

Dejemos el monotema de la historia entre Mozart-Salieri, Salieri-Mozart para otro momento, otros blogs y san google, donde podreis encontrar toda clase de información sobre el plagio y hasta el hecho de haber causado la muerte de Mozart, episodio sin ninguna base histórica y que ha sido recreado en un poema de Pushkin en el que se inspiró Rimsky-Korsakov para hacer una ópera, y despues por el escritor británico Peter Shaffe para hacer una obra de teatro "Amadeus", que luego llevaría a la gran pantalla el director de cine, Milos Forman, obteniendo ocho estatuillas amarillas.
Os dejo con un precioso fragmento de la Sinfonía en Re mayor "Il giorno onomastico" y un vídeo del sobrecogedor Dies Irae de su Requiem.


Symphony in D major "Il giorno onomastico", II Mov. - Larghetto
London Mozart Players
Matthias Bamert





Requiem, Dies Irae


22 de abril de 2011

Elisa de Beethoven, fue para Hummel



Elisabeth Röckel era una mujer a la que le encantaba la música, era una excelente pianista y más tarde acabó dedicada al canto. Era la pequeña de las hijas de Joseph Röckel, quién interpretaba el rol de Florestan en la ópera de Fidelio de Beethoven.
Elise contrajo una estrecha amistad con el música de Bohn. En 1810 Elise viajó a Bamberg para cantar en el teatro, fue cuando nuestro compositor, alejado en la distancia por su querida Elizabeth, dedicó su obra en La menor "Para Elisa" o "A la memoria de Elisa". El musicólogo de berlin Klaus Martín Kopitz, mantiene que en aquel momento, Elisa y el compositor ya se conocían bastante bien, por el hecho de dedicar la obra a Elisa, en vez de a la señorita Röckel. De hecho, la propia Elizabeth documentó esa relación en una carta. En esa carta se relata también una reunón con Beethoven, el guitarrista Mauro Giulini y el compositor Johann Nepomuk Hummel, quien más tarde se convirtió en su marido. Eso supuso la enemistad momentánea de Beethoven y Hummel (natural, como se le queda el cuerpo a uno cuando le levantan la novia). En esa reunión, cuenta en la carta como Beethoven le pellizcaba en el brazo. Sin embargo no fue el final de la amistad entre Elisa y Beethoven, ya que en marzo de 1827, antes de la muerte del compositor, Elisa lo visitó en su casa, donde pudo intercambiar uno de sus rizos por una de las plumas con las que escribía el genio. Siempre se afirmó que la pieza "Para Elisa” estaba dedicada a Therese Malfatti, a quien Beethoven propuso matrimonio en 1810. Todo porque el discípulo de Beethoven, Ludwig Nohl, descubrió en 1865 una versión del "Para Elisa" y la publicó con una dedicatoria a Therese Malfatti. Nohl dijo entonces haber visto el manuscrito original, que habría sido descubierto en la propiedad de Teresa. Sin embargo, tal manuscrito nunca fue hallado. De una forma u otra, aunque el manuscrito cayera en poder de Teresa en vez de Elisa, no deja de ser una anécdota que no cambia el fondo del asunto. No obstante, no creo que exista diferencia si supiéramos la verdad de para quién se escribió realmente la obra, ya que la música seguiría siendo igual de maravillosa habiendo sido escrita para Elisa como para Teresa, verdad?, en cualquier caso la firma es inequívoca... Beethoven.

Beethoven - Fur Elise
Ivo Pogorelich

4 de abril de 2011

Saint-Saens, un francés elegante


Músico muy dotado —fue un virtuoso pianista y también un excelente improvisador al órgano—, espíritu curioso por todo, escritor, caricaturista, gran viajero, Saint-Saëns desempeñó un papel excepcional en la renovación de la música francesa, tanto por su enseñanza —tuvo como alumnos, entre otros, a Fauré y Messager—, como, sobre todo, por su actividad en favor de la música nueva —fue uno de los fundadores de la «Société Nationale de Musique», destinada a tocar y difundir la música francesa—. Puede considerársele como un jalón esencial de la renovación que condujo a Debussy y a Ravel.

Saint-Saëns fue un intelectual multifacético. Desde pequeño se dedicó al estudio de la geología, la arqueología, la botánica y la entomología (específicamente a la rama de los lepidópteros). Fue también un excelente matemático. Además de la actividad musical como compositor, intérprete y crítico, se dedicó a las más variadas disciplinas, entreteniéndose en discusiones con los mejores científicos europeos y escribiendo doctos artículos sobre acústica, ciencias ocultas, escenografía teatral en la Roma Antigua e instrumentos antiguos. Fue miembro de la Sociedad Astronómica de Francia, poseía un telescopio, y proyectaba sus conciertos para que coincidieran con algunos acontecimientos astronómicos (como eclipses solares). También escribió una obra filosófica (Problemas y misterios), un volumen de poesía (Rimes familières) y la comedia (La crampe des écrivains), que tuvo un gran éxito.

Su extensa obra —compuso más de 400 abordando casi todos géneros musicales— es muy ecléctica, de un gran clasicismo y de una perfección a menudo un poco forzada, lo que ha motivado que se la considere demasiado académica (en Francia sobre todo). Sin embargo, a menudo es una música de gran belleza, con una gran calidad de escritura. Fue también el primer gran compositor que escribió música para el cine.
Aunque vivió casi siempre en París, se consideraba hijo adoptivo de Dieppe, una pequeña ciudad de la Alta Normandía, donde se instaló en 1888. Hoy día su legado se expone en el Château-Musée de dicha localidad, en una sala expresamente dedicada a él, el salón Saint-Saëns.
La larga vida de Camille Saint-Saëns atravesó todo el período romántico, siendo uno de los protagonistas de la segunda fase de este movimiento y asistiendo a su declive en pleno siglo XX. El año en que nació se estrenaron I puritani de Bellini, Lucia di Lammermoor de Donizetti y La judía de Halévy; Schumann compuso su Carnaval y Liszt comenzó sus Años de peregrinaje. Mendelssohn, Chopin y Schumann habían llegado al cenit de sus carreras. A su muerte, ya habían pasado ocho años del estreno de La consagración de la primavera —al que asistió— y tras del fallecimiento de su detestado Claude Debussy; Maurice Ravel —que admiraba a Saint-Saëns por sus dotes de orquestador— ya había compuesto la mayoría de sus obras mayores y Stravinski acababa de iniciar su aventura neoclásica con Pulcinella (1920).

Saint-Saëns era homosexual (lo que en esos días era considerado una abominación) y nunca demostró mucho entusiasmo por el matrimonio. En cierta ocasión, acusado en público de sodomía, replicó: «¡No soy homosexual, soy pederasta!» (Je ne suis pas homosexuel, je suis pédéraste!). (Utilizó el término «pederasta» —a la manera clásica, empleando el término griego— en contraposición con «homosexual», que era un nuevo término alemán, que connotaba una patología mental.)

En 1873, hizo el primero de sus viajes a Argel —peregrinaje obligado de los jóvenes homosexuales europeos— y en un viaje a Rusia, ya casado, en diciembre de 1875 —con motivo de dar una serie de siete conciertos en favor de la Cruz Roja— se encontró con Chaikovski (también homosexual), con quien bailó un ballet improvisado, acompañado al piano por Nikolái Rubinstein. El hermano de Chaikovski (asimismo homosexual) escribió:

Como jóvenes, ambos no sólo estaban muy atraídos por el ballet, sino que además también tenían cierto talento natural para ese tipo de danza. Así que una vez, queriendo mostrar su arte el uno al otro, realizaron en el escenario del teatro del conservatorio un pequeño ballet completo, Galatea y Pigmalión. Saint-Saëns (de 40 años) era Galatea, e interpretó el rol de la estatua con una notable aplicación, y Chaikovski (de 35 años) hizo el papel de Pigmalión. La orquesta la suplió Nikolai Rubinstein [el pianista que ejecutó junto con Saint-Saëns las Variaciones para dos pianos en el concierto de Moscú].
Modest Chaikovski


En 1875 (a los 40 años de edad) conoció a una joven de 19 años, Marie-Laure Truffot († Burdeos, 1950), hija de Rodrigues Philippe Truffot, un próspero industrial y asimismo alcalde de Cateau dans le Nord. Se casaron el 3 de febrero de 1875 en Cateau. Nada más casarse, declaró que estaba demasiado ocupado para realizar el viaje de novios e instaló a su esposa en un apartamento en París, bajo la tutela directa de su propia madre. De alguna manera tuvieron dos hijos, André y Jean-François. El primero falleció el 28 de mayo de 1878, a los dos años de edad, al caer desde una ventana de su apartamento de la rue Monsieur-le-Prince (situada en un cuarto piso).[20] Marie, por la tristeza, fue incapaz de seguir alimentando al pequeño Jean-François y le envió con su madre. Seis semanas más tarde, el 7 de julio, el bebé, de sólo siete meses, falleció, incapaz de superar una malaria.[9] Saint-Saëns culpó a Marie de ambas muertes. Tres años más tarde —a la vuelta de una de sus escapadas al exterior—, le escribió diciéndole que nunca más volvería a vivir con ella. No se divorciaron, pero vivieron separados el resto de sus vidas, sin verse ni establecer ningún tipo de comunicación. Sin embargo, en 1921, ella acudió —aunque oculta con un velo— al funeral de estado de su ex marido. En 1950 Marie-Laure Truffot murió en Cauderan, una pequeña villa cerca de Burdeos, a la edad de 95 años.
Durante su vida, Saint-Saëns fue amigo o enemigo de la mayor parte de los compositores europeos más destacados. Fue amigo de Franz Liszt hasta su muerte, y mantuvo una profunda amistad con su alumno Gabriel Fauré. A pesar de ser un defensor infatigable de la música francesa, Saint-Saëns menospreciaba abiertamente a muchos de sus colegas franceses, por ejemplo, a Massenet o al organista César Franck (belga, pero en la órbita musical francesa). Además, detestaba la música de Claude Debussy. Él mismo comentó en cierta ocasión a Edouard Laló: «He venido a París solamente para hablar mal de Pelléas y Mélisande». La hostilidad personal era recíproca; Debussy, por su parte, decía con sarcasmo: «Tengo horror al sentimentalismo, y no me arriesgo a equivocarme si digo que su nombre es Saint-Saëns». No obstante, en otras ocasiones Debussy reconoció que admiraba el talento musical de Saint-Saëns: «El Sr. Saint-Saëns es el francés que mejor conoce la música».

En Francia, Saint-Saëns fue uno de los primeros defensores de la música de Wagner, proponiendo fragmentos de sus óperas en sus lecciones de la Escuela Niedermeyer y encargándose de la primera interpretación francesa de la Marcha de Tannhäuser. El mismo Wagner quedó estupefacto al ver a Saint-Saëns interpretar a primera vista las partituras orquestrales completas de Lohengrin, Tristan und Isolde y Siegfried, sugiriendo a Hans von Bülow que cabría asignar al francés el calificativo de la más grande mente musical de la época. A pesar de ello, y aun apreciando su fuerza, Saint-Saëns declaraba que no se consideraba seguidor de la ópera wagneriana. El 1886, después de algunos comentarios particularmente duros y antigermánicos tras el estreno parisino de Lohengrin, la crítica musical alemana se volvió contra Saint-Saëns. Sus relaciones con Alemania mejoraron con el nuevo siglo, pero en torno a la Primera Guerra Mundial, Saint-Saëns atrajo la hostilidad tanto de los franceses como de los alemanes con una serie de artículos provocadores, titulados Germanophilie, que atacaban con violencia a Wagner.

Es sabido que el 29 de mayo de 1913 Saint-Saëns abandonó la sala donde se estrenaba La consagración de la primavera de Ígor Stravinski, enfurecido, por lo que él cuenta, por el uso innovador del fagot (según él, inapropiado) en los compases iniciales de la obra. Camille Saint-Saëns fue gran amigo del violinista español Pablo Sarasate al que dedicó el Concerstuck op. 20, la Introduction et Rondo Capriccioso op. 28 y el tercer Concierto para violín y orquesta op. 61. Saint-Saëns, que realizó en 1880 una gira por distintas ciudades españolas invitado por Sarasate, se inspiró para alguna de sus obras en aires y ritmos españoles aportados por el virtuoso navarro. Este fue el difusor de la música de Saint-Saëns en Alemania, Países Bajos, Rusia y América. Como señala Leopold Auer, "a Sarasate le corresponde la distinción de haber popularizado los Conciertos de Bruch, Lalo y Saint-Saëns". Según cuenta el violinista español Juan Manén, contemporáneo de ambos, en la década de 1860 Saint-Saëns y Sarasate debían interpretar dúos “en los más conspicuos salones parisinos” sin otra retribución que las cenas servidas después del concierto. Años más tarde, escribiría Saint-Saëns: “Muchos años han pasado desde que por primera vez vi llegar a mi casa lleno de juventud y de vigor a Pablo Sarasate, célebre ya cuando apenas apuntaba el bigote sobre su labio. Me pidió con gran donaire y como si fuera cosa sencillísima que compusiera un concierto para él. Halagado y agradablemente impresionado, prometí lo que pidió, y cumplí mi palabra escribiendo un concierto en la mayor al que puso por nombre mi amigo, sin que haya podido saber nunca la causa, Concert-Stück”. (carta de Saint-Saëns escrita el 24 de junio de 1908, año de la muerte de Sarasate)
Hoy se considera a Saint-Saëns como un compositor de música elegante y técnicamente sin defectos, pero poco inspirada. Sus obras han sido calificadas como lógicas y limpias, profesionales y nunca excesivas. La obra pianística, pese a no ser tan profunda ni emocional como la de algunos de sus contemporáneos, constituye la continuidad estilística entre Liszt y Ravel. También ha sido considerado como «el más alemán de los compositores franceses», a causa de su fantástica habilidad en la elaboración temática.
Su música, que sigue la tradición clásica francesa, es elegante y precisa en el detalle y la forma, y combina el estilo lírico de la música francesa del siglo XIX con una mayor calidad formal. A pesar de que el estilo de sus últimas obras se consideró obsoleto, en sus inicios Saint-Saëns había explorado muchas formas nuevas. Sus obras están ligadas estrechamente a la tradición clásica, y hay quien le ha considerado un precursor del neoclasicismo musical.

Saint-Saëns inició su carrera de compositor como un innovador, introduciendo en Francia el poema sinfónico y constituyéndose en paladín de la música de l'avenir de Liszt y de Wagner, en una época en que los modelos de referencia eran Bach y Mozart. Representó la personificación de la modernidad artística en las décadas de 1850 y 1860, pero después se transformó en un personaje reaccionario. A principios del siglo XX, Saint-Saëns era ya un ultraconservador que luchaba contra las influencias de Debussy y de Strauss. Pero esto no resulta sorprendente si se tiene en cuenta que la carrera de Saint-Saëns comenzó cuando Chopin y Mendelssohn estaban en la cima del éxito, y concluyó cuando empezó a difundirse el jazz; pero aún hoy, la que prevalece es la imagen de hombre irritable.
Como compositor, Saint-Saëns ha sido a menudo criticado por su negativa a abrazar el romanticismo y al mismo tiempo, y de modo paradójico, por su adhesión a las convenciones del lenguaje musical del siglo XIX. La figura de Saint-Saëns se ha situado siempre en la frontera que separa los compositores famosos de aquellos conocidos sólo por los entendidos, siendo reconocido como «el más grande compositor de segunda fila» o como «el más grande compositor privado de genio». Se le recuerda especialmente por algunas obras populares pero poco apreciadas por la crítica, como la ópera Samson et Dalila y sobre todo por el Carnaval de los animales.



Samson et Dalila, Overture

Samson et Dalila, "Mon Coeur s'ouvre a ta voix" Maria Callas
Violin Concerto No.3
The Swan
Symphony No.3 Mvt.2

25 de enero de 2011

Un Tchaikovsky desconocido


Raro sería hablar de una obra de Tchaikovsky que no conozcamos, algo que nos pueda sorprender todavía a estas alturas. Pero este será el caso en que todavía podemos descubrir algo nuevo de este compositor, una obra de esas ocultas que muy poca gente conoce. Se trata de la Cantata "Moscú", para solistas, coro y orquesta, compuesta por el músico en una etapa tardía de su producción, en 1883, en ocasión de la coronación del zar Alejandro III. Narra el origen de la capital rusa, sus invasiones y opresiones hasta llegar al conductor de esa nueva Rusia, el nuevo zar, el mismo que le otorgó una pensión vitalicia a partir de 1888. Una obra que no deja indiferente al oyente. Una obra que seduce desde el principio, una obra muy melódica como nos tiene acostumbrados el autor y cargada de una inmensa tristeza. Una obra con seis movimientos y que aquí os dejo uno de ellos para vuestro disfrute.




Hoy escuchas

- Piano concerto nº 2 - SAINT-SAENS
- Vissi d'arte "Tosca" - PUCCINI
- Overture "Don Giovanni" - MOZART
- Reina de la noche "La flauta mágica" - MOZART
- Aria de Edgar - PUCCINI
- Toccata y fuga en re menor - BACH
- Symphony nº5 "4º Mov." - MAHLER




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